GHOST – Impera (2022) Review

ENGLISH REVIEW INCLUDED BELOW

Regresan el recién ungido nuevo papa Emeritus IV, Tobias Forge, para su quinto salmo, Impera, con los “nameless ghouls” rindiendo culto al opuesto de la Santísima Trinidad (Fuego, guitarra principal, Agua al bajo, Aire en los teclados, Tierra con su bajo y éter o Quintaesencia como guitarra rítmica). GHOST reaparecen y lo hacen más sólidos que nunca.

Su retorno tras el formidable Prequelle del que podéis leer nuestra reseña en el siguiente enlace , no hace más que engrandecer su figura como banda icónica de masas en la actualidad, facturando posiblemente su mejor disco hasta la fecha y todo un amalgama de tesituras dispares bajo un lema común: engrandecer el nombre de la palabra Rock y ponerlo a disposición de todo tipo de amante de la música, por encima de los egos y al servicio de cuidadas composiciones que quedan talladas como figura única y de coleccionista con una espectacular producción de Klas Ahlund y una no menos explosiva mezcla de Andy Wallace (SLAYER, NIRVANA, SEPULTURA, FOO FIGHTERS o SLIPKNOT entre otros).

Impera puede dividirse en tres partes bien diferenciadas y sin un orden preconcebido que nutren al trabajo de un dinamismo de intensidades que hace que el oyente no pueda dejar de prestar atención a cada corte ni tampoco acomodarse para viajar a sus exposiciones líricas que versan en torno al aislamiento, la adoración a semi dioses, así como a la colonización del espacio y de la mente.

La primera parte es la que ronda la menor cuantía de minutos en el disco y es la que está cimentada con sus habituales instrumentales de corta duración, pequeños episodios de divagación anímica como la inicial marcha épica de carácter glorioso llamada como el propio disco (y en la que, no sé porqué y vagamente me reporto a los METALLICA del …And justice For All), la sacramental Dominion y, por último, la sacrílega y fugaz Bite Of Passage. ¿Una nueva coincidencia hacia la Trinidad católica?

La segunda porción de esta envenenada manzana viene acompañada de su libertaria concepción de un Rock bautizado por diferentes religiones que se entrelazan y fusionan con algarabía y sin perder, en detalles perfectamente engarzados, el halo de misterio inherente a la banda. Aquí hallamos un nutrido sustrato de sensibilidades y sensaciones que despiertan, como a un zombi de su letargo, la voracidad de nuestro cerebro en busca de más alimento en forma de endorfinas administradas caóticamente:

Kaisarion con su progresividad RUSH del espíritu de la radio en duelo con el mejor Hard Rock Ochentero y sus clichés, todo bajo un manto setentero proporcionado por el uso del Hammond y coros pastorales del Folk oscurantista. Call Me Little Sunshine, presentada como primer single, amable en su melódica opacidad BLUE OYSTER CULT y parcial contundencia Doom. Watcher In The Sky incisiva a la par que hímnica al estilo OZZY OSBOURNE, con cadencia más metálica al igual que la inquietante y tenebrosa rítmica latina de Twenties actuando bajo teatralidad ALICE COOPER y envuelta en unos coros diabólicos y orquestaciones malévolas. Respite Of The Spitalfields como último tema del disco, cierra esta espléndida obra en un tono grandilocuente, a medio tiempo, con unas melodías de carácter romanticista irrumpidas por unas guitarras potentes acompañando los susurros del nuevo papa y un soberano trabajo melódico en sus adornos instrumentales que hipnotizan en los últimos compases de los casi siete minutos de éxtasis al que logran acceder.

La tercera división viene desflorada desde el Aor, el Hard y el Rock melódico, cierta inocencia Pop metalizada y un filo de alta comercialidad Glam en donde destacan sobremanera Spillways, Hunter´s Moon (con encaje sinfónico en sus medias de bruja negra seductora), Griftwood (recreando armonías VAN HALEN en las guitarras y con puente coral de vestal maternidad) o la balada de estrofas Folk, Darkness At The Heart Of My Love, atractiva en sus formas y elegante en su desarrollo más mundano hasta desembocar en un final nuevamente pastoral donde rozan lo celestial.

El cálculo y la precisión de este trabajo a niveles instrumentales, vocales y corales está más allá de muchas bandas que, en la pretensión de mostrar sus virtudes, sobrecargarían con virtuosismos innecesarios temas que, dentro de su acción directa y simplicidad ejecutiva, consiguen realzar la importancia de un conjunto inmaculado en el que cada miembro brilla por su aportación.

Definitivamente GHOST tienen el arma por el mango para amenazar a cualquier detractor que solo vea en ellos imagen y deje pasar toda la magia que poseen en su hábitat natural: la música con personalidad y libre de etiquetas.

Jesús Alijo Lux

 

 

 

 

ENGLISH REVIEW

They return the newly anointed new pope Emeritus IV, Tobias Forge, for their fifth psalm, Impera, with the «nameless ghouls» worshipping the opposite of the Holy Trinity (Fire, lead guitar, Water on bass, Air on keyboards, Earth with its bass and ether or Quintessence as rhythm guitar). GHOST reappear and they do it more solid than ever.

Their return after the formidable Prequelle of which you can read our review at the following link, does nothing but magnify their figure as an iconic band of masses today, making possibly their best album to date and a whole amalgam of disparate tessituras under a common motto: to magnify the name of the word Rock and make it available to all kinds of music lovers, above egos and at the service of careful compositions that are carved as unique and collector’s figure with a spectacular production of Klas Ahlund and a no less explosive mix of Andy Wallace (SLAYER, NIRVANA, SEPULTURA, FOO FIGHTERS or SLIPKNOT among others).

Impera can be divided into three well differentiated parts and without a preconceived order that nourish the work of a dynamism of intensities that makes the listener can not stop paying attention to each cut nor settle down to travel to their lyrical expositions that deal with isolation, worship of semi gods, as well as the colonization of space and mind.

The first part is the one with the least amount of minutes on the album and it is the one that is cemented with its usual short-lived instrumentals, small episodes of soulful digressions such as the initial epic march of glorious character named after the album itself (and in which, I don’t know why and I vaguely remember the METALLICA of …And justice For All), the sacramental Dominion and, finally, the sacrilegious and fleeting Bite Of Passage. A new coincidence towards the catholic Trinity?

The second portion of this poisoned apple is accompanied by their libertarian conception of a Rock baptized by different religions that are intertwined and fused with joy and without losing the halo of mystery inherent to the band. Here we find a rich substratum of sensibilities and sensations that awaken, like a zombie from its lethargy, the voracity of our brain in search of more food in the form of chaotically administered endorphins:

Kaisarion with its RUSH progressiveness of the spirit of the radio in duel with the best Ochentero Hard Rock and its clichés, all under a seventies mantle provided by the use of Hammond and pastoral choruses of obscurantist Folk. Call Me Little Sunshine, presented as the first single, gentle in its melodic opacity BLUE OYSTER CULT and partial Doom forcefulness. Watcher In The Sky is incisive as well as hymnic in the style of OZZY OSBOURNE, with a more metallic cadence as well as the disturbing and tenebrous Latin rhythm of Twenties performing under ALICE COOPER theatricality and wrapped in diabolical choirs and malevolent orchestrations. Respite Of The Spitalfields as last theme of the disc, closes this splendid work in a grandiloquent tone, to half time, with melodies of romantic character broken by powerful guitars accompanying the whispers of the new pope and a superb melodic work in its instrumental adornments that hypnotize in the last measures of the almost seven minutes of ecstasy to which they manage to accede.

The third division comes deflowered from Aor, Hard and melodic Rock, a certain metallic Pop innocence and an edge of high commerciality Glam where Spillways, Hunter’s Moon (with symphonic lace in their stockings of seductive black witch) stand out above all, Griftwood (recreating VAN HALEN harmonies in the guitars and with choral bridge of vestal maternity) or the ballad of Folk stanzas, Darkness At The Heart Of My Love, attractive in its forms and elegant in its more mundane development until ending in a again pastoral end where they touch the celestial.

The calculation and precision of this work at instrumental, vocal and choral levels is beyond many bands that, in the pretension of showing their virtues, would overload with unnecessary virtuosity themes that, within their direct action and executive simplicity, manage to enhance the importance of an immaculate ensemble in which each member shines for their contribution.

GHOST definitely have the weapon by the handle to threaten any detractor who only sees in them image and let pass all the magic they possess in their natural habitat: music with personality and free of labels.

Jesús Alijo Lux

 

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