BLACK SWAN – Generation Mind (2022) Review

Tras agitar debidamente el mundillo del hardrock, con su Shake the World, este auténtico dream team, compuesto por Robin McAuley (McAuley Schenker Group), voz y coros¸ Reb Beach (Winger, Whitesnake), guitarra y coros, Jeff Pilson (Foreigner, The End Machine, ex-Dokken), bajo, acústica, teclados y coros, y Matt Starr (Ace Frehley, Mr. Big), batería y percusión, ha querido dejar claro que el cisne negro no era flor de un día y que alzaría su majestuoso vuelo, por lo menos una vez más, con Generation MInd. Esperemos que sean muchas más, porque, si bien es cierto que con grandes jugadores las posibilidades de hacer un gran equipo se multiplican, no lo es menos que ganar una segunda final, tras haber ganado la anterior como equipo revelación, es harto difícil. Black Swan lo ha hecho; ha conseguido un dos de dos sin contemplaciones.

Generation Mind es un álbum (grabado en los estudios de Pilson en LA) que no te cansas de escuchar una y otra vez, porque tiene su justa medida de todo, al menos para mi gusto. Con la introductoria Before the Light, y su toque místico, se abre una puerta a lo misterioso que estalla rotundo con She Hides Behind y el sonido Black Swan en plenitud. La increíble y eterna voz del maestro McAuley, bien acompañada por los coros de Beach y Pilson, la guitarra afilada y virtuosa de Reb y la explosiva base rítmica de Starr y Pilson (productor del álbum) se dan la mano para crear un tema contundente, bien formado y con estribillos, melodías y solo de primera. Menudo comienzo. McAuley, como hemos podido comprobar en directo, parece ganar voz con los años, en lugar de perderla, y arte no puede tener más. Generation Mind toma la alternativa con un riff melódico y la voz en la misma línea, para no desentonar. Pronto asoman el antestribillo y el estribillo para apoderarse de la escena sin esfuerzos y construir un tema para el recuerdo. Bien elegido para dar título al trabajo, sin ninguna duda. El solo de Reb Beach es la guinda de un pastel…de boda. Y, si los cisnes vuelan, no digamos las águilas, las reinas de los cielos. Eagles Fly, como título, es una obviedad, pero como tema es una gozada. Con un ritmo muy marcado y unos arreglos de enorme calidad, un punto serio y un estribillo de pocas bromas da el contrapunto al anterior y sigue elevando al cisne con un punto sinfónico, aderezado con los guitarrazos de Beach y la potentísima y omnipresente base rítmica. Las águilas vuelan cuando los ángeles lloran. Me gusta. Los cisnes lo hacen con su  Black Swan.

Un precioso efecto de guitarra sobre la base del teclado da paso a las guitarras (son varias las que suenan) y a la voz del maestro en See You Cry. Pero, que conste que no quiero verte llorar. No lo vas a hacer. Al menos de tristeza. De alegría podría ser, porque esta canción es una maravilla. Solo el poso de este equipazo y su enorme calidad pueden explicar cortes como este, que parecen contener la historia y evolución de nuestra música en cuatro minutos. No digo más…¡Ojo que un asesino anda suelto! Killer on the Loose lo advierte con riffs y seriedad compositiva e interpretativa. No es cosa de bromas y el corte se pone serio, a la vez que estribillero, pero sin dejar atrás los tonos menores. Otro lujazo de canción, de solo, de todo. Te hace falta un milagro para librarte de él y viene con Miracle, un tema potente, un puñetazo en la mesa por graves, con una voz y coros que estallan en un estribillo de esos que le salen a McAuley de debajo de las mangas y hasta de las orejas. ¿Milagro? ¿Magia? Clase y arte, más bien. La variación para el solo es de enmarcar. ¿Cómo te has quedado? ¿Cómo te sientes’ Eso te preguntan en How Do You Feel, otro “primus inter pares”, vamos un temazo entre temazos. Suave guitarra, y dulce teclado para dar paso a Starr y la voz de Robin, escoltada por el bajo de Pilson. Baladón con toque bluesy y estribillo de esos que te sube la moral en el peor de tus días. La verdad es que, en varias de las escuchas del disco, la he vuelto a poner, porque no tenía suficiente. Mat Starr no es un batería cualquiera. Marca con su estrella cualquier tema, amigos.

A veces la bajada es más dura y difícil que la subida y se hace más larga. Long Way Down lo proclama con clase y contundencia, con guitarra doblada y la voz de Robin, con su característico toque heavy, mientras el tema se eleva con el estribillo hacia donde está el cisne negro, para no bajar jamás. Menuda composición.

Muchos pretenden la corona, pero uno solo será el vencedor que la porte sentado en el trono. En este caso, será el cisne negro, que se convierte en caballero del mismo color. Crown le ha otorgado ese honor, porque este trabajo no tiene desperdicio, no hay batallas perdidas ni daños colaterales. Es un corte guitarrero y triunfal, vanhaleniano diría en su comienzo, pero Black Swan total. La voz de McAuley, contestada por los coros, es de batalla, épica y se pregunta dónde está la corona que solía portar. Tranquilo Robin, no la has perdido con este disco; al revés. Hay cuatro esperándoos por canciones como esta. Una vez en el trono, el lado oscuro ha de aparecer, como también la luz; y lo hace con Wicked the Day, un tema serio y contundente, con energía para parar un tren pero con melodía, riffs y estribillos como para volver a ponerlo en marcha. Ese tren se va prometiendo volver con I Will Follow, excelente para poner el punto y seguido. Tanto como lo hubiese sido cualquiera de sus hermanos, porque Generation Mind se sale; es una de las joyas de la corona. Y, ya sabes, donde quiera que vayas te seguirá. Déjate coger. Merece la pena. Este cisne negro es tu príncipe (o tu princesa) oscuro. Déjate poseer. Goza y no pienses demasiado o el sueño se desvanecerá.

Toño Martínez Mendizábal

 

 

 

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