MÄDHOUSE – Bad Habits (2021) Review

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Admiro sobremanera a todo/as eso/as artistas que reinventan géneros o cuya integración musical traspasa las barreras de lo percibido con anterioridad, creando nuevas sensaciones inquietantes y excitantes, aire fresco para continuar el sueño. Pero, ¡maldita sea! También admiro a los que tienen las pelotas de seguir tirando de una cuerda sujeta al parachoques de un DeLorean que no consigue acabar de arrancar y que ejerce más de pieza de coleccionismo que de automóvil per sé. Admiro, porque sé que lo hacen para conseguir arrastrarlo a un taller actualizado que restaure chapa, pintura y que consiga hacer rugir su motor y quemar neumático de nuevo. Esta soga, sin embargo, ha sido demasiado manoseada y esto ha provocado que se haya ido tensando en demasía hasta parecer, más bien, un número de funambulismo donde la finalidad se encuentra en prender nuevamente la autentica llama del Hard Rock más gamberro, caminando sobre el filo de su legado, sin dejar de mantener el tipo, alzando la cabeza para escupir insolentemente al cielo y no caer al vacío del olvido inmediato.

Cuando descubrí a los austriacos MÄDHOUSE, supe desde el primer momento que tenían el veneno necesario para intoxicar a los nostálgicos de mediados de los ochenta y los tres primeros años de la desperdiciada década de los noventa en cuanto a Rock inapropiado se refiere. Aposté por ellos en The Rock Angels Radio Show y ahora, bajo el sello protector de calidad que es ROAR! Rock Of Angels Records, y con cambios en su formación, nos cae en las manos su segundo trabajo, Bad Habits, una verdad como un templo tras su debut Money Talks Bullshit Walks.

Se mantienen en el equipo el vocalista Tommy Lovelace, el guitarra Mikky Stixx y el bajista Rickey Dee, dejando la puerta abierta a los nuevos miembros Thommy Black a la guitarra y a Casey Jean Eiszenman a las baquetas, introduciendo así una dosis nueva de energía ilegalizada.

El disco fue producido, grabado y masterizado por el propio Mikki Stixx en los Metalforge Studios de Vienna entre 2020 y principios de 2021, recayendo sobre él también el peso de la portada y el de las fotos del plástico, vamos, todo un reto artístico a todos los niveles lo que deja bien claro que sabían lo que querían y se abalanzaron sobre ello como vas a comprobar tras su primera y recomendada escucha. El sonido del disco es pura adrenalina incontenible con un balance bastante logrado, realmente bueno y aplastante, aunque de entrada he de poner mi primer “pero”, la propia longitud exhibida. A mi buen entender, quince temas que siguen un patrón ya patentado con genialidad por bandas insignes, pueden resultar un trago demasiado abrasador de entrada, pudiendo llevarnos a relativizar la predisposición para posteriores ingestas.

Eso sí, introduciendo el aguijón de MÄDHOUSE en nuestras venas, el viaje resulta altamente placentero con su cóctel, nocivo para la salud, de Glam Metalizado, de Hard Rock sucio y de Sleazy barriobajero con licencia para aplastar sublevaciones bajo supervisión de un bate de beisbol de último modelo, cromado y bañado en brillantina, sujeto con guantes de cuero y tachuela, cobrando aún mayores dimensiones con esa actitud de delincuentes glamurosos super vitaminados por drogas sintéticas que desprenden.

Este segundo disco de los austríacos es un cañón de fogonazos láser donde los SKID ROW de su primer disco (¿no os suena el sólo de Bang Bang al Big Guns de los de “Sabo”? Bueno, o casi todo el tema…) se funden con los MÖTLEY CRÜE metalizados e incluso con los rehabilitados abusos tras pasar por la consulta del Dr. Feelgood (escucha los arreglos finales de First Lick Then Stick y dime que no estoy perdiendo la razón…) todo ello vomitado con una voz salvaje pero que a su vez sabe acariciar la melodía, al más puro estilo de un Stephen Pearcy versión 3.0, en unos RATT radioactivos y con cierto efecto NITRO. Los coros también han de ser señalados pues empujan sus tremendos estribillos o jalean sus estallidos de pandilla recién salida del talego, con ganas de lío, aunque a veces se dejen seducir por los dulces POISON o los procesados DEF LEPPARD.

Si, nada nuevo bajo el sol, pero tan bien ejecutado y tan asimilado como modo de vida que es imposible que no te haga disfrutar a sorbitos, una vez hayas elegido tus temas favoritos de entre el amplio catálogo que han grabado para adoradores/as de la etapa de gloria del estilo. Yo por ejemplo me quedo con Atomic Love, la melódica Pure Oxytocin, la Heavy de cardado Metal Creed, Say Nothing At All amamantada por WARRANT y los sudores DOKKEN que empapan partes de la bella/bestia que es Love To Hate.

También he de añadir que cuando pisan el pedal y, con ese sonido actual de la producción, adquieren mayor personalidad y resultan imparables como podrás escuchar en Sick Of It All, Itch To Scratch o Fake It Till You Make It.

Un muy buen disco ambientado con mucha actitud, buenas composiciones y atractivas interpretaciones, cuyo mayor logro es saber traducir el idioma nativo de las influencias de la banda, pero cuyo único pecado es obviar el típico lema, tan cierto como la muerte, de que menos, es más. Elige entre el abultado número de composiciones tu “playlist” personal y dejarás reposar tus desgastados tesoros clásicos.

 

Jesús Alijo «Lux»

 

ENGLISH REVIEW

 

I greatly admire all those artists who reinvent genres or whose musical integration crosses the barriers of the previously perceived, creating new disturbing and exciting sensations, fresh air to continue the dream. But, damn it! I also admire those who have the balls to keep pulling on a rope attached to the bumper of a DeLorean that can’t quite get started and is more of a collector’s item than an automobile per se. I admire, because I know they do it to drag it to an updated workshop to restore bodywork, paint and get its engine roaring and tire burning again. This rope, however, has been too much manipulated and this has caused that it has been tightened too much until it seems, rather, a funambulism number where the purpose is to ignite again the authentic flame of the most hooligan Hard Rock, walking on the edge of his legacy, while maintaining the type, raising his head to spit insolently to the sky and not to fall into the void of immediate oblivion.

When I discovered the Austrians MÄDHOUSE, I knew from the first moment that they had the necessary poison to intoxicate the nostalgic ones of the mid-eighties and the first three years of the wasted decade of the nineties as far as inappropriate Rock is concerned. I bet on them on The Rock Angels Radio Show and now, under the quality protective label that is ROAR! Rock Of Angels Records, and with changes in their line-up, we get our hands on their second album, Bad Habits, a truth like a temple after their debut Money Talks Bullshit Walks.

Vocalist Tommy Lovelace, guitarist Mikky Stixx and bassist Rickey Dee remain in the lineup, leaving the door open for new members Thommy Black on guitar and Casey Jean Eiszenman on drumsticks, introducing a fresh dose of outlaw energy.

The album was produced, recorded and mastered by Mikki Stixx himself at Metalforge Studios in Vienna between 2020 and early 2021, falling on him also the weight of the cover and the photos of the plastic, come on, a real artistic challenge at all levels which makes it clear that they knew what they wanted and they jumped on it as you will see after your first and recommended listening. The sound of the album is pure uncontainable adrenaline with a quite successful balance, really good and crushing, although I have to put my first «but», the very length exhibited. In my opinion, fifteen songs that follow a pattern already patented with genius by famous bands, can be too scorching a drink at the beginning, which can lead us to relativize the predisposition for further ingestions.

However, by introducing the sting of MÄDHOUSE in our veins, the trip is highly pleasant with its cocktail, harmful to health, of Metallic Glam, dirty Hard Rock and Sleazy slumming with license to crush uprisings under the supervision of a baseball bat of the latest model, chrome-plated, glitter-plated, leather-gloved and studded, taking on even greater dimensions with the attitude of glamorous criminals super-charged with synthetic drugs that they exude.

This second album by the Austrians is a cannon of laser flashes where the SKID ROW of their first album (doesn’t the Bang Bang solo sound like the Big Guns of «Sabo»? Well, or almost all of the song…) melt with the metallized MÖTLEY CRÜE and even with the rehabilitated abuses after passing through Dr. Feelgood’s office (listen to the final arrangements of First Lick Then Stick and tell me that I’m not losing my mind…) all this thrown up with a wild voice but that at the same time knows how to caress the melody, in the purest style of a Stephen Pearcy version 3.0, in a radioactive RATT and with a certain NITRO effect. The choruses also have to be pointed out because they push their tremendous choruses or cheer their outbursts of a gang just out of jail, with a desire to mess, although sometimes they let themselves be seduced by the sweet POISON or the processed DEF LEPPARD.

Yes, nothing new under the sun, but so well executed and so assimilated as a way of life that it is impossible not to enjoy it in sips, once you have chosen your favorite songs from the wide catalog they have recorded for worshipers of the glory stage of the style. I for one will take Atomic Love, the melodic Pure Oxytocin, the carded Heavy Metal Creed, Say Nothing At All suckled by WARRANT and the DOKKEN sweats that soak parts of the beauty/beast that is Love To Hate.

I must also add that when they step on the pedal and, with that current sound of the production, they acquire more personality and are unstoppable as you can hear in Sick Of It All, Itch To Scratch or Fake It Till You Make It.

A very good album set with a lot of attitude, good compositions and attractive interpretations, whose greatest achievement is to know how to translate the native language of the band’s influences, but whose only sin is to obviate the typical motto, as true as death, that less is more. Choose from the large number of compositions your personal «playlist» and let your worn out classic treasures rest.

Jesús Alijo «Lux»

 

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