BLACK STAR RIDERS – Another State of Grace (2019) review

Hubo un tiempo en el que Black Star Riders eran una sombra. La sombra de algo que dejó de existir décadas atrás. Un eco. Durante años, nadie podía mirar a sus miembros o escuchar sus canciones sin pensar en esa otra banda a la que, por elección o por necesidad, seguían referenciándose. Pero ese tiempo, afortunadamente, ya pasó.

La banda de Gorham y Warwick dio un par de volantazos para escapar de su destino de encasillamiento y tomar las riendas de su propio destino, quitándose quizá algún cero del caché (los tributos y conciertos conmemorativos siempre venden mejor), pero sumando creatividad y honestidad a la combinación ganadora en la que se ha convertido Black Star Riders.

“Another State of Grace”, su cuarto disco, pone a la banda mirando hacia adelante con la seguridad de quien no tiene nada que esconder. Si ya en su anterior trabajo, “Heavy Fire”, la libertad creativa los había llevado por derroteros inexplorados, en su más reciente lanzamiento los horizontes se expanden y tocan con los dedos la excelencia. Uno se presta a escuchar a Black Star Riders con la predisposición de pasar un buen rato, pero es cogido por sorpresa por la naturalidad con la que las composiciones, variadas, inspiradas, fluyen a lo largo de unos escuetos 35 minutos.

Las dimensiones del escenario en el que la banda se presenta siguen siendo algo limitados, porque las raíces irlandesas siguen presentes y porque Gorham se resiste (cada vez menos) a renunciar a unas guitarras dobladas que lo identifican tanto como sus huellas dactilares. Por eso, no hay forma de quitarse de encima los parecidos razonables con la banda de la que les tocó distanciarse.

Sin embargo, en “Another State of Grace” hay mucho más. Además de un flagrante préstamo de “I’m Shipping Up to Boston” en la canción que titula el álbum, hay margen para composiciones con sabor a Ricky Warwick, como “Why do you love your guns” o “What will it take?”, o cortes con aroma retro que parecen sacados de una sesión de la Night Flight Orchestra, como “Soldier in the Ghetto”.

También hay, claro, guiños a épocas pasadas como “Underneath the afterglow” o “Shadow of the war machine”, que quieren recordarte a cortes particulares que hubiese cantado aquel bajista irlandés, pero que se sostienen como composiciones independientes con valor propio. Y, lo que es mejor, ya no escuchamos su música con la sensación, constante antaño, de que intentaban replicar clásicos concretos en nuevas composiciones, obligándonos a un juego de identificar parecidos razonables, ésta a “Whiskey in the jar”, aquella a “Jailbreak”.

Lo mejor de todo es que la heterogeneidad estilística de “Another State of Grace” no provoca la sensación de estar ante un disco poco cohesionado o hecho a base de retazos. Hay una coherencia interna, una producción consistente, y una fluidez que hace que los nueve temas se pasen más rápido de lo que uno quisiera.

En un tiempo en el que las bandas publican discos como excusa para poder girar, Black Star Riders parecen decididos a apostarlo todo a la creación de material original que les sirva como excusa para dejar esa otra vida de homenajeadores atrás. Cuatro discos son más que suficientes para demostrar que, además de nombres, en esta banda hay músicos. Que, además de un pasado, esta banda tiene mucho futuro.

Julen Figueras

 

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