WHITESNAKE – Saints & Sinners (1982) Classic Review

Escribió una de las plumas más afiladas de la prensa especializada que Whitesnake habían dejado de ser una gran banda de Hard Rock para dedicarse a grabar baladas “Potosas” para quinceañera pijas en fase premenstrual. ¿Exageración? ¿Salida de madre del crítico o la puta verdad? De acuerdo o no lo que me queda claro es que la etapa anterior al periplo americano y al disco puente (Slide It In) fue en la que la banda se mostró como una autentica maquina de Rock And Roll lejana y ajena a las modas o a los intereses corporativistas y egos personales de su líder.

Ese periodo que comenzó con “Trouble” (1978) y finalizó con “Saints & Sinners” (1982) reunió en torno a la “Serpiente Blanca” a lo más granado de la música Rock Británica de las últimas tres décadas. Desde los bigotudos Micky Moody o John Lord (En activo desde comienzos de los sesenta con los Artwoods del hermano de Ron Wood) pasando por el excelente Ian Paice, la doble mástil Sg del regordete Bernie Mardsen o la pericia de Neil Murray al bajo, músico este con sólido historial en bandas de Jazz de ahí ese gusto a la hora de de tejer hábiles líneas con las cuatro cuerdas.

Como es obvio no podíamos olvidar al gurú de la banda: El gran David Coverdale que inexplicablemente se había quedado a mediados de los setenta a dos velas tras una fructífera estancia en los Deep Purple y que encontró en Whitesnake el billete de ida al estrellato, aunque ni el mismo podía soñar en aquellos primeros años con lo que le vendría a finales de los ochenta.

De todos esos discos destaca por encima de todos “Saints & Sinners” (Seguido muy de cerca por el imprescindible “Come And Get It” de un año antes) que contaba como en los anteriores con la producción de uno de los hombres de moda en los ochenta: Martin Birch, que en este trabajo en particular dota de una garra infinita al combo forjando su álbum más poderoso hasta la fecha con un sonido bastante acorde a lo que se destilaba en aquella época. Las canciones gigantescas, desde la inicial “Young Blood” hasta el final con la que da título al disco.

«Saints & Sinners» es un catálogo perfecto de Hard Rock pasado por el tamiz “Boogie Boogie” y la genial slide guitarra de Micky Moody , la portentosa voz rebosante de blues de Coverdale que “castigan” al oyente con tonadas como “Rough And Ready” (Ojo al bajo de Murray) o “Bloody Luxury”, temazo este por el que los Status Quo matarían.

En otras como “Love An´Affection” hasta los mismísimos Zz Top se afeitarían las barbas en seco para conseguir un tema de esa calidad. Más Hard Rock imperecedero y super marchoso con el piano de Lord marcando el ritmo en “Rock An´Roll Angels” o con su órgano Hammond esta vez en la acelerada “Dancing Girls”. Todo ello con Coverdale como amo, señor y gran maestro de ceremonias partiéndose el pecho y dispuesto a derretir el corazón de toda mujer viviente que encuentre a su paso con sus historias de macho en continuo celo.

Estaría muy mal si pasase por alto “Crying In The Rain” o la archifamosa años más tarde “Here I Go Again” por la cual el bueno de Bernie Mardsen sigue ganando mucha pasta y bien que la merece.

Sólido como una roca, este disco ha pasado con nota el devenir de los años y viene a demostrar que en esta formación no había tíos guapos (Menos David, claro) como más adelante pero si unos músicos de mucho talento más allá de la pose o las posturitas que luego veríamos en video clips que por que no decirlo han quedado grabados a fuego en nuestras mentes. No lo dudes y si lo ves en una tienda, vete y cógelo.

Caído en Little Big Horn

 

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