RUSH – Clockwork Angels (2012) Review

Después de la tragedia que asoló a la banda hace pocos meses con el fallecimiento de Neil Peart, estos pusieron punto y final a una trayectoria impecable de más cuarenta años de carrera. Este álbum, su último de estudio, recoge el testigo donde cinco años atrás “Snakes & Arrows” resultara ser un “comeback” por todo lo alto, una adaptación de su sonido clásico al siglo XXI. Ahora solo quedaba comprobar si su sucesor seguiría su misma línea.

Mismo productor, Nick Raskulinecz y mismo esquema para el álbum: nada de obras conceptuales extensas, canciones oscilando entre los cinco y los siete minutos de duración, eso sí, plagadas de intensidad y éxtasis instrumental, con un “feeling” extremo y de una calidad competitiva fuera de toda duda.

La obra rezuma calidez, humanidad palpable pese al espectacular despliegue instrumental del que hace gala. Muchas veces abusamos del término “sonido orgánico”, pero seguro, y pese al lujo de medios, insisto, pocas veces encontraremos esta definición con más razón que aquí. La banda se siente fresca, cómoda en su propia piel, tan joven que cualquiera diría que en la fecha de publicación llevasen treinta y ocho años juntos.

El disco abre con Caravan, un bass driven Hard Rock marca de la casa, que resulta uno de los temas más contundentes junto con el single Headlong Flight. En general, es un álbum menos Hard Rock que “Snakes…”, aquí abundan los medios tiempos enriquecidos con multitud de detalles, simples, que hacen que la escucha enganche y vuelvas a darle al “play” para recordar “ese estribillo”, “esas dobles voces en el puente” o las capas de guitarra que te llevan a mundos y paisajes ya conocidos pero excitantes de volver a pisar.

BU2B, más Rush clásico y de pegadizo estribillo. Clockwork Angels, la canción, es una de esas joyas atemporales, con más arreglos y adornos, una pequeña opera en sí misma y contando con un solo de Lifeson  a lo Pete Townshend impecable. La voz de Geedy Lee nunca sonó tan dulce como en este tema. 

The Anarchist seguramente sea mi favorita del álbum, aquí volvemos a tener al bajista dirigiendo la canción, aparentemente con sencillez, pero que, con múltiples escuchas, te acabas rindiendo y dando cuenta de que posiblemente sea el tema más intrincado del álbum: un Hard Rock imponente.

Carnies es una canción elegante que nos lleva a los Genesis de los 80. Halo Effect es el interludio acústico justo a mitad del sueño, uno de esos que tan bien dominan Rush para crear intimidades, enriquecido con cellos, ideal para dejarse llevar.

El AOR aparece con Seven Cities of Gold, psicodelia y envoltorio espacial a la vez, donde la batalla de Lifeson con los teclados se antoja memorable. Neil Peart, que cuesta creer que grabara la mayor parte de las baterías en una sola toma y de manera improvisada, triunfa (una vez más… cuántas van?) en The Weckers, de vocación espectacular, un falso Hard Rock donde confluyen guitarras pseudo flamencas, estribillo British y cierto aire instrumental Surf, una delicia.

Headlong Flight es el caos hecho canción, la perfección absoluta con momentos épicos donde los tres músicos se conjugan pareciendo que todos están haciendo solos a la vez. Hacemos otro pequeño interludio con BU2B2 para afrontar la recta final con la cálida y exuberante Wish Them Well y el épico y melancólico crescendo de The Garden.

Habiendo pasado ocho años desde la publicación de esta obra, el tiempo coloca y sitúa, con justicia, lo mejor frente a lo normal. Si está entre sus mejores discos depende de ti y de la época en la que mejor te muevas con ellos, pero como suele ocurrir con los grandes discos, y los de Rush están en esa tesitura, puedo afirmar que está colocado muy cerca del cielo. 

Willy Infiltrado

 

 

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