QUEENSRŸCHE – Operation: Mindcrime (1988) Classic Review

Después del impacto que produjo el lanzamiento del, para algunos, extraño “Rage For Order”, la expectación estaba al máximo ante lo que los de Seattle podrían parir esta vez. ¿Harían caso de las numerosas críticas, y volverían a la senda del metal clásico? ¿O darían una nueva vuelta de tuerca, y nos obsequiarían con algo aún más bizarro?

Pues, ni lo uno, ni lo otro, amigos. Se descolgaron con… un álbum conceptual !!! La historia de Nikki, un adicto a las drogas, e inestable emocionalmente, que es utilizado por el Dr. X, el líder de una siniestra organización revolucionaria secreta, para sus maquiavélicos plantes de dominación mundial.

Suena bien… eh ? La historia se desgrana en los 15 temas que componen este artefacto, no precisamente de fabricación casera. Un cuidado diseño y la producción (para mi gusto, un tanto deficiente) de Peter Collins se encargarían de dar forma a esta trama musical.

En aquellos años, el que un grupo de metal se metiera en un fregao como éste, el de un álbum conceptual, sonaba poco más o menos a suicidio comercial. Esas cosas, hasta entonces, estaban destinadas a los grupos de rock, digamos (y utilizando la expresión de la época)… sinfónico. Y a algún majareta tipo Frank Zappa, o similares.

Pues nuestros amigos Tate, Wilton, DeGarmo, Jackson y Rockenfield se arrojaron a la arena sin capote y sin estoque, dispuestos a recortar lo que se les venía encima.

El álbum comienza con un balbuceante Nikki, que aparentemente empieza a recordar, después de un tiempo en trance, todo lo que le ha ocurrido. Los compases de una militarizada e instrumental “Anarchy-X” dan paso al relato musical.

“Revolution Calling” le sigue… y ya vemos que nos hemos dejado de canciones tecnificadas y sobreproducidas. El afilado dueto de guitarras de Wilton y DeGarmo, un poco al estilo Thin Lizzy, y el sincopado ritmo te sumergen en un tema dinámico, ideal para abrir un disco y un concierto. Es cierto… han revolucionado su sonido de nuevo.

El tema que da título al disco, “Operation MIndcrime”, así como “Speak” y “Spreading The Disease” son los tres trallazos que le siguen y, para mi gusto, la parte más dura e interesante del disco. Sin tregua, y a toda velocidad, sobre todo en las dos últimas. También notamos que mantienen ese buen gusto por los coros que ya iniciaron en su anterior trabajo.

Los solos de DeGarmo y Wilton te taladran, se solapan, aparecen y desaparecen por un canal, por el otro. No sé si ha habido en la historia del metal dos guitarristas que se complementaran mejor. Sin demasiados alardes técnicos, pero siempre al servicio de la eficacia de la canción.

Entramos en la parte central del disco, más teatral. “The Mission”, “Suite Sister Mary”, “The Needle Lies” y “Electric Requiem” son temas totalmente al servicio de la trama de la historia. Algunos atmosféricos, y otros hasta con la inclusión de voces femeninas, como la de Pamela Moore, que tan buen juego les han dado en sus actuaciones en directo.

Hacia el final del disco nos encontramos temas contundentes pero, al mismo tiempo, de cierto aire comercial. “Breaking The Silence” y “I Don’t Believe In Love” tienen estructuras muy cuidadas, voces y coros muy eficaces, y unas guitarras limpias y complementadas. La base rítmica formada por Jackson y Rockenfield se hace notar en ellos, sobre todo en “I Don’t Believe…”.

Tras dos “intros”, “Waiting for 22” y “My Empty Room”, llegamos a otro de los platos fuertes del disco, la inmensa “Eyes Of A Stranger”. Quizá, el mejor corte de este trabajo. Intensa, dramática, y con un Geoff Tate soberbio. Un tema para su absoluto lucimiento. También podemos notar en esta canción el fuerte apoyo de unos teclados que añaden dramatismo al asunto. Un cierre espectacular a un disco espectacular.

Mucha gente considera este disco una obra maestra del metal contemporáneo… no seré yo quien les contradiga. Después de este trabajo, los de Seattle pasaron a ser uno de los referentes no solo del metal, sino que se incorporaron a esa rara Liga de grupos que ya iban un poco más allá… hacia el metal progresivo.

El término, con el tiempo, se ha utilizado para calificar a grupos con un alto grado de experimentación en sus temas, aparte de un nivel técnico estratosférico. Lo del nivel técnico quizá sea discutible en el caso de Queensryche, pero nadie les va a negar ese extra de experimentación en todos sus discos. Tanto, que al final, en algún caso, se pasaron de frenada… (ese infame “Dedicated To Chaos”).

Un disco que deberían enseñar en los colegios.

Ritchie Moreno
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