MAVERICK – Ethereality (2021) Review

Los discos son redondos (de momento…), pero esa redondez no significa lo mismo en todos ellos. Ethereality de Maverick lo es desde todo punto de vista. Tengo que admitir que Maverick han dado en el clavo con lo que, habitualmente, más me apetece escuchar. Así ha sido desde que les conocí (https://rockangels.com/maverick-big-red-2016/). Su estilo, con esa mezcla de melodías, estribillos y fuerza, unido a su extraordinaria capacidad para crear temas de gran factura, son algunas de las causas. Pero es que el quinteto de Belfast tiene en David Balfour (hermano del guitarrista Ryan Balfour) un frontman de una categoría excepcional. Con un rango que le permite prácticamente todo, unas raíces bien asentadas, de las que no se esconde, y un descaro a prueba de bombas, es uno de los cantantes que más me llegan desde hace unos años. La banda en sí es, en mi humilde opinión, uno de los mejores exponentes del renacido rock británico y no, no les enmarcaría dentro del heavy metal, como la promoción proclama. Creo que Maverick y Ethereality van mucho más allá de las etiquetas (incómodas para la mayoría en los tiempos que corren). Es cierto que son una banda potente, que no desdeña las distorsiones gruesas y las bases rítmicas aplastantes, pero su uso de estilos y subestilos con total libertad, para sacar lustre a la composición y partido a las muchas posibilidades de David, no permite encasillarlos de una forma simple.

Así es que, no puedo decir otras cosa que no sea que he gozado hasta límites insospechados y numerosísimas veces con este Ethereality, que supone el cuarto trabajo de Maverick. Desde su inicial Falling caí de cabeza en su realidad etérea y me sumergí en sus melodías, su voz potente y suave a la par, sus coros en su punto, sus guitarras y su base rítmica sin concesiones. Pero, sobre todo, en temas como éste que no paran de desgranarse con una calidad excepcional hasta el Ares final, que cierra el álbum de forma grandiosa con un himno de corte mitológico, serio y con un trabajo técnico y emocional sin mácula.

Entre tanto aparece Thirst para dejarte boquiabierto y que el camarero aproveche para ponerte una jarra de cerveza en la barra. Bébela y sáciate con un corte de lo mejorcito del álbum y del año. Déjate llevar por la potencia instrumental y la personalidad arrolladora de David, que es el reflejo de la que Maverick posee. Never, con su comienzo de voz falsamente suave, da paso a las guitarras en un corte que habla de las dudas sobre lo que uno mismo puede hacer, con un trasfondo sentimental, pero con una contundencia y un tratamiento del sonido y la composición digno de elogio, que la voz de Balfour sabe culminar con poderío. Pero, no nos engañemos, Ryan Balfour (guitarra), Ric Cardwell (guitarra) Richie Diver (bajo) y Jason Mageney (batería y última incorporación) configuran un equipo compacto en interpretación y estilo y eso se demuestra en éste y en cada uno de los temas del álbum. Por ejemplo, tras los coros que dan entrada al genial Switchblade Sister, que te va a encandilar con su estribillo,  los ¡oh,oh,oh,oh,oh,oh! al unísono y una exhibición de todos los poderes de la banda de Belfast.

Creías haber probado lo mejor cuando la versión más suave de David Balfour da paso a la banda y a guitarras, que recuerdan a las de sus adorados Iron Maiden, en un Bell of Stygian que pone la carne de gallina y te hace pasar la laguna y llegar más que vivo al otro lado. No ha llegado tu día, salvo para gozar de un tema exquisito. En el número 6 entra Angel 6 y lo hace con la fuerza de las guitarras de Balfour-Cardwell y la batería de Mageney, a los que pronto se unen la magia David en primer plano y la contundencia de Diver desde la profundidad. Al final hasta los teclados suben con el cantante a su estadio angelical. Allí suena The Last One, que no es la última, ni por posición ni por categoría. Actúa como la supuesta balada de  Ethereality, sobre todo por la interpretación de David y la composición, pero su fuerza y poderío, sus arreglos y su despegue final la elevan a la categoría de baladón hard. Y que sepas que quieren estar contigo siempre. Eso dicen. Conmigo estarán, desde luego. Al menos si siguen con este camino que tan bien continúa Dying Star. De ser así, su estrella no morirá nunca. No lo hará porque brilla con cortes como éste, absolutamente imprescindible, épico, con guitarras que vuelven a recordar a la doncella, pero con ese toque Maverick que les hace únicos. Light behind Your Eyes, que precede al Ares final, es otra joyita imprescindible en tu colección, de la que te enamoraste a primer vista; en este caso a la primera escucha. Te recuerda otras que te gustaron tanto, pero a la vez sabes que es distinta y te completa. Es esa capacidad de aunar lo mejor de la tradición con una contemporaneidad insultante la que hace de esta banda un caso único y merecedor de todo el éxito y parabienes que puedan obtener. Maverick lo ha vuelto a hacer, por difícil que pareciese en estas circunstancias. Ethereality es etéreo, es real, es brillante y realmente me encanta. Seguro que a ti también, pero cómpralo.

Toño Martínez Mendizábal

 

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