DUAL EQUATION – Dual Equation (2020) Review

Antes de meterme en harina con el “discazo” que os voy a reseñar, me asalta una reflexión que, para un servidor, resulta más una certeza que un vago pensamiento. De todos es sabido que el AOR con los años ha pasado a ser un género minoritario dentro del Rock, pero aun así mantiene “el tipo” contando con legiones de fervientes seguidores, más o menos en las sombras, y a pesar de lidiar con una travesía en los últimos lustros algo adulterada por algunos sellos que se erigen como salvadores de éste, cuando bajo mi percepción, creo que han desnaturalizado su verdadera esencia.

Nuestro país nunca fue, ni ha sido y ojalá me equivoque en el futuro, nunca será, un exportador de música que se coloca en la boca de todo el mundo como referente, a pesar de ostentar un nivel altísimo, cada día más.

El AOR tampoco fue, ni en su época de gloria mundial, parada obligatoria en una España que aún seguía a la cola, en torno a un par de años mínimo de retraso, de lo que ya se venía haciendo desde mucho atrás en el resto del globo. Evidentemente, salvo contadas excepciones en el Heavy clásico (huelga nombrar a los que todos conocéis), también estoy seguro de que guardaréis a buen recaudo en vuestra memoria, los escasos grupos a los que me refiero, centrándonos en lo que nos atañe con este prólogo. Cierto es que las producciones de aquellos años tampoco ayudaron en demasía, pero esto no fue óbice para que no se asentaran en nuestro corazón, como pequeñas gemas a las que un lavado de cara les vendría de perlas.

Pero para regocijo de un servidor, con el nuevo milenio y especialmente en esta década que recientemente hemos finalizado, estrenando una nueva muy prometedora (a pesar de los acontecimientos que estamos atravesando), hallamos una explosión de nuevas y no tan nuevas bandas que siguen manteniendo la fe en la música melódica con discos excepcionales, donde el nivel compositivo y ejecutor es abrumador. Y, aunque las grandes compañías, redentoras de ralo talonario de esta escena, no se hayan fijado en ellos, quizás estemos de enhorabuena porque, todas y cada una manifiestan una personalidad necesaria, complementaria y refrescante que dudo pudieran mantener al pasar por la factoría de los sueños.

Fácilmente me vienen a la cabeza HACKERS, BE FOR YOU, 7 ALMAS, LA FASE, HEART 2 HEART, 91 SUITE, THE VAL, STRANGERS, XTASY, SINESTRESS, HARDREAMS, SECRET o los recientes XIX YEARS y GÁNDARA que acabo de obtener y, por supuesto, el disco que nos ocupa: DUAL EQUATION. Todos con SU estilo, todos para un género adiestrado estilosamente a SUS necesidades expresivas y todos necesarios aquí. Pero voy más allá: si los iluminados cazatalentos manejaran menos prejuicios, también lo serían en el resto del continente como mínimo, por mucha infinidad que nazca de las escuelas suecas e italianas.

DUAL EQUATION nacen de la mano de un vocalista sobradamente conocido por estos lares, Manu Esteve, quien puso sus cuerdas vocales al servicio de los HARDREAMS a los que era imposible no mencionar más arriba. Una banda que nació a mediados del año 2000 y que nos dejó tres formidables discos. Junto a él, su mano derecha en este proyecto, Fabio Di Angelo (Shyperion, Diosa), ambos desde Barcelona y con miras hacia donde se propongan.

Este disco homónimo se inicia con Forever And A Day que no debiera diferir mucho de tus gustos si eres comprador habitual de todo lo que por catálogo o decálogo intentan venderte a toda costa. Pero aquí hay una diferencia, se palpa la pasión, el esfuerzo y sobre todo el conocimiento del medio. AOR con guitarras educadas en el Hard melódico y mecidas sobre teclados que amortiguan cualquier tipo de estridencia innecesaria. Colchones perfectos para que aún las teclas puedan cobrar otro sentido en detalles perfectamente camuflados, de aire más elitista, antes de presentarnos un fabuloso solo. Claro, que me he enredado y tu quieres ir directo al grano, ¿no? Estribillo con gancho que corona unas estrofas que alternan la dicción más pausada y honda, con el arranque emocional. Sí, lo que te gusta.

La fórmula se repite, pero con inspiraciones renovadas en cada “track”, combinando intensidades y detalles de sumo gusto (descubrirás efectos muy interesantes que hasta podrán retrotraerte si escuchas con atención al Beat It, busca… busca…) en lo que para mí sería la parte más popular del disco, la del receptor medio y con la que cualquiera dentro de parámetros explícitos puede identificarse. Listen To My Prayer, Gypsy Eyes (con un ligero aire épico, técnico y un interludio desenchufado que a ambos artistas les sienta de lujo para no encorsetar a su propia lucidez), Make Up Your Mind o la final I´ll Be There (aunque ese pedazo de solo y sus dejes jazzísticos de base se empeñen en distraernos placenteramente).

La voz de Manu es personal, puede que te guste o no, pero es mucho más coherente que las estridencias nasales de, por poner un ejemplo ajeno a estándares, las utilizadas por el vocalista de Grand Design. Es una voz que arde con pasión, no fuerza sus límites y transmite, muy al estilo de los solistas rudos que aparecían hasta debajo de las piedras en los ochenta con discos que forman orgullosamente ahora, parte de nuestra ceguera a la hora de importar, algo que era también de agradecer entre tanto “ángel” rozando la técnica de la perfección.

La labor de guitarras es, sencillamente, perfecta para su propuesta. Muy lustrosa, sobre todo cuando hay que sacar la artillería efectista para plantar cara y decir: “aquí estamos nosotros!”. Además, esto no impide dejar los huecos elementales para que se filtren los consecuentes trasfondos armónicos que implementan el resto del bloque sónico necesario para que esto sea, una vez más reitero, lo que estabas buscando.

Hasta aquí lo que se espera, pero a partir de ahora lo que consuma

Por un lado, el imperdonable error que hubiera sido no meter un medio tiempo como I Come Back To Stay, típico tema que hubieras quemado con, o ardiendo pensando en la novieta de turno que te tenía embelesado en los añorados años de no temer radiar sentimientos. Por cierto, excelente solo de escuela Schon. Stay más ambiental, pero con la misma vibra ochentera que redondea ese concepto de disco de culto de “vaya a saber usted qué año, qué país y cómo se llamaba el artista”, una joya.

Y por la otra cara de la moneda, tener “los mismísimos” de cubrir el You Need A Hero de los maestros de la costa PAGES, manteniendo su esencia y llevándolo a tu terreno para aportar frescura y credibilidad, ya te entrega mis respetos. No contentos con ello, seguir con un poco más de desfile entre el recoveco de autor americano noventero y seudo West Coast en la para mí, gran ganadora del disco, If Only I y la ya entrega absoluta al espíritu de la costa oeste en la señorial Tides Of Time (con su regustillo JAZZ). Es aquí donde el señor Esteve está que se sale y donde me quito el sombrero ante semejante despliegue de conexión entre buen gusto y garra sentimental.

Resumiendo: un disco melódico con una concienzuda labor en la colocación del orden de temas que yo te he presentado en bloques, pero que realmente hace que el disco se pase en un suspiro por su diversidad y, en ningún caso, que represente una amenaza para el tiempo que le dediques.

Se notan las tablas, se nota el amor por lo que se hace y ahora se ha de notar que si amas a este estilo no puedes darle la espalda a pesar de que la producción pudiera mejorarse en algunos aspectos.


RATE/NOTA: 7,9/10

Jesús Alijo Lux

 

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