BOYS FROM HEAVEN – The Great Discovery (2020) Review

Estamos acostumbrándonos en demasía a caminar cabizbajos. Si nos sentimos medianamente afortunados o ligeramente impetuosos y hacemos uso del buen ejercicio de la prudencia, sorteamos nuestro periplo de frente. A lo seguro, esquivando el más mínimo roce con las extensas ramas huérfanas de dicha en las que se ha convertido este inmenso esqueleto estacional de nuestra esperanza, excesivamente empapado en punzantes debates sin fertilidad.

Permítanme con esta reseña, no solo meterles el caramelo en la boca con uno de los mejores discos del año, “hándicap” recurrente, sino también, tenderles un puente que nos dirija a permitirnos soñar, aunque sea por un leve instante.

Solo les propongo echar un vistazo a la portada de The Great Discovery, que ya en sí es un ticket sin agujerear, una llave al salón de la fantasía.

Entonces, y sólo entonces, debiéramos alzar nuestras apesadumbradas seseras para abrir los ojos, de par en par, con la inocencia de un niño y con la ilusión de un necio, y contemplar las difuminadas figuras que emergen de entre la humareda QUEEN que envuelve a la introductoria The Ascent.

BOYS FROM HEAVEN proceden de un oasis entre las estrellas y el paraíso; un reducto donde interactúan y, a la vez, trazan las debidas distancias con TOTO mientras cohabitan, jolgoriosamente, flotando sobre su calzada de baldosas amarillas (Old Days).

La diferencia se encuentra en que ellos no pretender arribar en Oz, ellos en su contagioso optimismo, marcan los tiempos y taconean las veces que les viene en gana, con sus flamantes zapatos rojos Westcoast tejidos con la vieja gamuza del Rock, sobre todo aquel que quedó tallado en piedra, por los siglos de los siglos, entre mediados de los años setenta y los alocados primeros compases de los añorados ochenta (intenta rebatirlo tras escuchar Keep On Movin´ en el ecuador del Long Play).

Pero, para sumergirnos mayormente en una panorámica completa de su particular visión, dejemos que broten libremente para nuestros sentidos las iniciales Green Fields, Sunshine Soul y Burning Like A Flame. Relájate y asiste a su revelación que florece:

  • Desde una poderosa base rítmica alteran y coquetean con los tempos, musicalizan los silencios y realizan malabares en sus “breaks”, fusionándose a la perfección con los precisos riffs procedentes de las seis cuerdas o con la afilada resonancia de cada golpe de tecla que dicta su imperioso piano.
  • Sobre este lecho, extienden una etérea túnica de hojarasca carmesí a través de prístinos teclados y sintetizadores, meditados juegos corales y técnicos recursos tanto en los distinguidos solos como en los despampanantes arreglos de guitarra. Así en tanto se engrandece este conjunto, dotando de voz propia a un refrescante y expresivo saxofón completamente integrado a su causa.
  • Al frente de este tupido telón, cuentan con otra baza indispensable: un personal, emocionante y sobre cualificado narrador llamado Chris Catton quien no solo nos lleva en volandas y sin resistencia posible a su requerimiento, sino que también realiza las mundanas labores de ingeniería de mezclas en esta producción llevada a cabo por el propio septeto. Primer larga duración de los daneses (¿quién lo diría?), tras un E.P. de 2017 llamado “No Way! But Anyway”.

Como resultado de todo ello, enmarcan un disco escrito desde el pasado, contemplado desde el futuro y materializado con los recursos del presente.

Tras esta carta de presentación, “los siete maravillosos” evolucionan dentro de sí mismos, una vez ya habiéndonos concienciado a nosotros, eclosionando hasta convertirse en un único organismo de inabarcable vitalidad donde su, vuelvo a repetirlo, Rock, puede mimetizarse con el Pop (Memory y el perfume Bruce Hornsby en 1986), el Soul (Don´t You Cry) o el AOR (Convictions).

Pero también manejan un pulso a las reglas establecidas para finalizar sus trece canciones tanto con un tema Soft Rock a la Chris Rea sazonado de Motown y Blues (Worlds Apart), como con un Smile que parece un cruce entre Daryl Braithwaite y The Who.

Desde ese instante, es cuando acabas dándote cuenta de lo que han conseguido hace rato: dibujar una inadvertida sonrisa en nuestros concentrados rostros. Lo han logrado mientras nos maquillaban con esa dulce nostalgia (A Fool´s Hope) que se emparenta con facilidad a nuestros más comunes y queridos recuerdos del ayer, aquellos que siempre parecen mejor que el mañana.

Mientras no dejemos de posar nuestra mirada en el miserable horizonte inmediato, nunca podremos expandir nuestros deseos más allá de la obviedad. En el momento en el que dejes de comprar las quimeras diseñadas para anestesiar tu curiosidad, estarás preparado para discernir con claridad si realmente atisbas la inmensidad natural de esta obra. El verdadero talento de The Great Discovery es su sinceridad.

 


RATE/NOTA: 9,1/10
 

Jesús Alijo LUX

 

 

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