ACCEPT – Balls to the wall (1984) Classic Review

Pocas certezas tengo en mi vida, pero hay una que destaca entre todas las demás: mi disco favorito de Heavy Metal ha sido, es y será «Balls to the wall», de la banda alemana Accept.

Ya desde la primera escucha, y a pesar del bombardeo de nuevos grupos de Hard Rock y Heavy Metal que llegaron a nosotros a mediados de los 80, lo único que busqué fue dar la vuelta a aquella cinta y darle al Play una y otra vez.

Lo tenía todo: grandes riffs hermosamente suspendidos sobre eternas notas de bajo, estribillos con armonía y pegadizos, solos increíbles y, lo más importante, una voz que a aquel chaval de 10 años le transmitía mogollón. Ni idea de lo que decía, pero cuánta emoción sentía en aquellas letras.

Y resulta que el devenir de los años (y un notable cambio en el sistema educativo) me demostró que sí, que en aquellas estrofas había algo más. De hecho, estaba todo cuanto deseaba encontrar en un buen tema de Heavy Metal: denuncia social, amor, lirismo y pequeñas píldoras filosóficas que invitaban a una profunda reflexión.

Otro de los puntos fuertes del disco son los solos de guitarra.

Aunque ya fuesen marca de la casa y uno de los aspectos más cuidados por la banda durante su primera etapa, en este álbum brillan aún con más fuerza y aportan un plus de elegancia a cualquiera de sus pistas. No son una simple demostración de virtuosismo, sino que tienen un feeling especial, con una evolución y un desenlace que roza la perfección.

Y ojo en este aspecto, que los acordes que acompañan a esos dedos bailando a lo largo del mástil tampoco tienen desperdicio.

«Fight it back» y «Guardian of the night» llevan en sus entrañas dos de los solos que más gustan a quien suscribe estas líneas.

Curiosamente, también hay hueco para un tema sin solo… de guitarra, pero con un curioso paréntesis ya casi al final de la pista en el que el batería parece proponernos un sutil juego («Losing more than you’ve ever had»).

También conviene destacar la estructura de los temas. Todo llega en el momento adecuado; no hay una sola estrofa, puente o estribillo que se pueda suprimir o desplazar.

Poco más que añadir. Si quieres un disco de calidad, que toque varios palos (himnos [«Balls to the wall»], baladas [«Winter dreams»], medios tiempos [«Head over heels»]… ), con un delicioso toque de incorrección (ese halo homosexual subyacente en todo el álbum que tanto irritó en su día) y un mensaje claro que perdure en el tiempo, «Balls to the wall» es la elección perfecta.

Dix Handley

 

 

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