TREAT – Tunguska (2018)

Con un liviano esfuerzo de retrospectiva os contaré una historia, breve, que me ha asaltado en paralelo en el momento de escuchar e interpretar el nuevo disco de los suecos TREAT.

En aquella época en la que dejábamos de seguir con hipnotismo el rodar del balón, comenzamos a alzar la mirada y descubrir un mundo nuevo. Aquellos enclenques pre-adolescentes nos topamos, sin esperarlo, con una vecina dos o tres años mayor que nosotros que transitaba, a horas concretas, por la plaza en la que vivían mis padres y que nosotros ocupábamos como campo de batalla para matar el tiempo y divertirnos.

Atractiva y aparentemente despreocupada (TREAT), secuestraba nuestra atención con su grácil caminar, provocándonos innumerables conjeturas hacia donde iría y qué haría. Recalamos en que los fines de semana mutaba en una especie de estrella del Rock, llena de glamour (una producción excelente), provocativa, añadiéndose algún que otro año más con una vestimenta propia de una gala de los Grammy. Vestidos ceñidos y elegantes que estilizaban su figura con calzado para la ocasión y que le acercaba al cielo cuatro o cinco centímetros más. Imponente (Coup De Grace – 2010).

Una tarde de verano, sábado, aguardando a su aparición, Dieguete, Joserra, Héctor, Aitor, Bruno, Coco, Gori y un servidor, nos dimos cuenta de que a partir de ahí nada sería igual.

Como un vendaval llegó con su atuendo, vestida para matar, al menos a nuestro incipiente deseo incontrolable. Y entonces ocurrió. Un ligero traspiés tuvo la culpa (Ghost of Graceland – 2016). Ligero pero lo suficientemente contundente como para romper uno de sus tacones, provocar un rictus inesperado en su rostro y hacerle caminar como si de un tiovivo (Tunguska) de carne y hueso se tratara. Ipso facto se nos cayó el mito y se nos devolvió a una realidad en la que todos éramos iguales, al menos hasta que apareciera la siguiente diosa a venerar.

Y así me siento con este lanzamiento, unas veces arriba, devolviéndoles su distinguido porte, y otras veces abajo, allí donde las canciones malgastan su segundero y los paralizan en el vulgo tumultuoso de bandas sin pretensión.

Canciones de Hard Rock melódico, todas dimensionadas con los atractivos refuerzos vocales de Robert Ernlund. Clásicas y a la vez catapultadas al momento presente con arreglos, programaciones y giros traidores a las ofertas típicas dentro del género.

Progenitors, Always Have Always Will, Creeps(no dejo de pensar estas dos para EUROPE), la oscura y potente Best of Enemies, Rose of Jericho, Riptide o el precioso medio tiempo con posibilidades de ser radiado hasta la infinidad Build The Love y la agradecida balada Tomorrow Never Comes (que se nos regala en formato más desnudo como bonus track para la edición japonesa) destacan sobre un conjunto que como bien intentaba definir antes a través de la metáfora, cojea entre sus momentos más acertados y los que intentan disimularlo.

Anders Wikström brilla constantemente con su ejecución y efectividad a la hora de explotar sus influencias y recursos a la guitarra, siempre bien acompañado por una banda sin fisuras donde los teclados cobran una relevancia merecida. Quizás componer un disco como la maravilla de REVERTIGO, editado este mismo año, haya secado parcialmente un manantial que, aunque fluye con presteza, no calma la sed que provocaron desde ese maravilloso Coup De Grace. No obstante supera la media de buenos temas por disco que ostenta la media. Dale una oportunidad.

Jesus Alijo “Lux” (The Lux Team)

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