SNAKEYES – Metal monster (2017)

Era de ley realizar la reseña, a pesar de los muchos formatos que se han hecho eco ya debido al tiempo transcurrido desde su publicación, de este Metal Monster inolvidable. Comienzo con una reflexión antes de diseccionar esta maravilla.

A veces me consume devorar medios para mantenerme informado de la actualidad musical. En especial desde hace no demasiados años, y de forma más enfermiza, la de una amplitud de comunicadores nacionales que, sea por la razón que sea (que de esas me sé unas cuantas…), atribuyen a una banda méritos a la vista sólo para ellos y un buen puñado de decenas de colegas. Y para añadir más exactitud, estableciendo paralelismos absurdos entre formaciones patrias. Otorgando calificaciones estrafalarias, siempre al menos de notable, sin diferenciar morralla de otras que ofrecen auténticos hitos que calarían, sin problema, en el panorama internacional. Cribar oro entre arena.

Partiendo de esta reflexión, te presento a SNAKEYES, españoles, y cantando en `guiri´ como más de uno diría. Para colmo presentando su segundo trabajo, con tres epés de introducción/desarrollo, y, te aseguro, que no es fruto ni del azar ni del colegueo desmedido. Esto es un grupazo de mucho cuidado que puede, no, DEBE, figurar en el firmamento actual como un hecho, y abandonar esas quinielas sobre eternas promesas sucesorias al trono de los grandes aspirantes al mantenimiento de la llama.

De las cenizas de los gaditanos SPHINX resurgieron el imprescindible bajista José Pineda, Justi Bala a la guitarra (abrumador) y el batería Carlos Delgado (gran motor), encontrando en la voz del rumano Cosmin Aionita (9.7 RITCHER) el aliado idóneo para desmembrarnos a todos con sus hachazos musicales.

Lo suyo es puro heavy metal aplastante, ejecutado con alardes técnicos. Incisivo, y a la vez, con la melodía suficiente como para enaltecer muchos de sus estribillos con cuernos en alto.

Into The Unknown sienta las bases, pilotando una locomotora incombustible que se ha llevado por delante lo mejor de los mejores. Siento la potencia de los renovados ACCEPT con melodías power metaleras en cortejo continuo a dinosaurios de la talla de JUDAS PRIEST. Voces rasgadas, dobladas, en amplitud de rangos, pasando hasta por la maléfica tonalidad de blackened thrash para transmitirnos toda la agresividad posible sin abono a lo extremo.

Onda que se expande en Evolution, quizás de forma más comedida. Sus primeros compases son aseveraciones con firma netamente heavy, llegando a recordarme hasta a BLIND GUARDIAN en una de las combinaciones de riffs, sucumbiendo a la poderosa estrofa y cediendo ante otro implacable estribillo.

De corte más hard rock, manteniendo el espíritu que hace gala el redondo, (Point Of) No Return añade más combustible para que no se detenga esta travesía violenta.

De obertura Marching Out animalizada y temática Terminator se sucede Cyberkiller, manual de contundencia y nueva demostración del buen hacer de cada músico individualmente.

Metal Monster, nace como símbolo, no ya solo para dar nombre al disco, sino como himno para celebrar su forma de enderezar la ruta que, a base de actitud, proclama su pasión por el género. A estas alturas, es de ley celebrar la poderosa producción realizada por el notorio bajista José Pineda, equilibrada para el lucimiento de cada sonido y, tan robusta como para colindar con el thrash menos brutal durante pasajes sólidos como una plancha de acero.

Edge Of The World (¡qué doblaje marca Halford en los coros!), Sign Of Death (rejuveneciendo los ochenta más movidos al estilo presente RAGE, añadiendo orquestación oscura para convertir el solo junto a un puente y estribillo de contrapuntos coincidentes, en una tormenta de gusto sobresaliente), Facing The Darkness y Your Own Shadow (más discretas entre tanta opulencia pero manteniendo alto el listón) añaden leña y gasolina para que el vértigo nos atrape por completo.

Circus Of Fools con vestiduras PAINKILLER metalizadas, si aún más era posible, hasta bordear la frontera Thrash, precede al soberbio Rise Up (The Red Plague), cuyo estribillo se tatúa en mi cerebro. ICED EARTH es mi primera impresión que, estupefacta, baraja en la rotación del tema, toda una remesa de recuerdos que pasan por HELLOWEEN, IRON MAIDEN o JUDAS PRIEST en la ponencia de matrícula para el grupo al completo.

Como bonus track, The Hunt (otro heredero de los PRIEST de los noventa y el híbrido Thrash y Power activo a día de hoy), proveniente del single Mask Of Reality, hace que descarrilemos sin posibilidad de recuperación, en un disco que habrá de marcar época en nuestro país, tanto por el carácter musical como por la profesionalidad a la hora de extender su producto, punto en el que quiero acentuarme. Producción, marketing y diseños que sobrepasan estar a la altura, esto es profesionalidad en grado sumo, como para no comparar entre bandas… sería un sacrilegio. Ejemplo a seguir en un país excesivamente conformista. Me declaro fan incondicional desde ya mismo. ¡Hail SNAKEYES!!!!!!

Jesús Alijo “Lux”

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