SLOW SEASON – Westing (2016)

Slow Season es una banda modesta, de aspiraciones modestas aunque de técnica soberbia e influencias grandilocuentes. Topé con ellos hace ya algunos años, cuando editaron su primer disco y lo dejaron ahí afuera, en la red, para que lo descargase quien quisiese, convencidos de que, aunque no fueran a vender millones, al menos conseguirían ser escuchados por algunos cientos o miles. Hasta cierto punto, la estrategia funcionó, y la banda ha llegado hasta 2016 con un currículum cada vez más nutrido. El tercer álbum de este cuarteto se llama Westing, y no sólo es un estupendo disco de hard rock a la vieja usanza, sino que es además el mejor trabajo que la banda ha publicado hasta la fecha.

Anclados entre los últimos coletazos de la década de los sesenta y los primeros bostezos de los setenta, estos californianos son una representación fiel del sonido acuñado por las bandas que conquistaron el oeste. Podríamos mencionar algunos nombres, pero no nos engañemos: este disco suena a Led Zeppelin tanto como cualquier tema de los propios Zeppelin. Desde la chocante “Y’Wanna” con la que arranca el disco, Westing es una revisión y un homenaje a la banda más importante del rock. Igual que hicieran ’77 con AC/DC, Slow Season han hecho un retorno consciente a la época dorada de la banda de Plant y Page, y han compuesto ocho temas a los que les sobra nada. Y si algo les falta, es meramente contextual: un nombre de leyenda, una campaña promocional acorde, la originalidad de un sonido demasiado machacado en la última década.

Todo está en su sitio en Westing. Los músicos, excelentes tanto por separado como en la magia del conjunto, brillan en una producción pretendidamente nebulosa, seguramente deudora de las técnicas artesanales que adoptaba pagey a la hora de colocar micros. Los temas, especialmente los que explotan las cadencias hipnóticas como “The Jackal” y “Saureköning”, son composiciones perfectas llevadas un par de peldaños más arriba gracias a su personal ejecución. Los solos, los aullidos y los redobles de batería son también dignos de admiración: ¿por qué han pasado tan desapercibidos estos tipos? Si algo se puede reprochar a Slow Season es que su música llega tarde. Que, de haber aguantado hasta nuestros días, los propios Zepp habrían mudado de género varias veces ya, y que, en ese sentido, a Westing le falta asumir riesgos musicales.

Lo tomas o lo dejas. Aunque más te vale tomarlos. Para quien busque sonidos nuevos y excitantes, Slow Season no serán más que un sucedáneo de algo mil veces escuchado. Pero, para quien nunca tenga suficiente de ese volumen brutal al que nos acostumbraron los británicos, Westing paliará su sed. Para quien disfrute con bandas que emulan a clásicos, éste puede ser un experimento muy interesante. Para quien se haya quedado estancado en la década dorada que tantas alegrías nos dejó, el nuevo disco de Slow Season es una pieza muy valiosa en la colección. Recomendados.

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