RIVAL SONS – Feral Roots (2019) review

¿Os acordáis de aquel año, 2011 correría, cuando los foros empezaban a hablar de unos tales Rival Sons? Corría su segundo disco, Pressure and time, con su portada de toque prog y su contenido de puro rock pesado de la factoría de zeppelines. En aquel entonces todavía podía tratarse de una curiosidad puntual, una banda con buenos mimbres que acabaría en la cuneta como tantísimas otras.

Apenas ocho años después nos encontramos con una de las pocas bandas actuales con capacidad de encabezar festivales, llenar salas de gran aforo y vender discos (y vinilos) suficientes como para considerarse exitosos. Su sexto disco hasta la fecha, éste Feral roots de sonidos asilvestrados, no pierde el pulso, sino que lo intensifica.

Tirando de tópicos podríamos hablar de madurez, aunque quizá no sea lo que mejor describa a una banda que, a pesar de su enfoque conservador, sigue evolucionando en su sonido. Buchanan ha perdido por fin algo del histrionismo con el que desbordaba en Hollow bones, y ha pasado a trabajar más para la banda.

Abundan en este disco las variaciones estilísticas, las dinámicas, las intensidades. Al contrario de lo que los primeros adelantos parecían indicar, la premisa en Feral roots es no dar todo de golpe, sino dosificar los estímulos, ir soltando el estribo poco a poco. Así pues, nos olvidamos aquí de la febril intensidad de discos como The great western valkyrie, y nos deleitamos con otros paisajes algo inesperados.

Son paisajes a los que llegamos gracias a nueva instrumentación, un protagonismo mayor de guitarras acústicas (atención a la canción que titula el álbum), armonías y disonancias que encajan sorprendentemente bien, y algunos licks de guitarra (“Stood by me”) tras los que parece que el mismísimo Otis Redding va a aparecerse. Hablamos entonces de una sensibilidad más soul, más gospel, más lejana y menos anclada en la invasión británica ya explorada en otros álbumes.

Paradójicamente, y a pesar de ser dueños de su propio destino, Rival Sons sorprenden a veces con composiciones extrañas pero efectivas. Por ejemplo, “Walk away” recuerda más a los últimos Europe que a la banda de Holliday y Buchanan, quizá por influencia del productor que comparten, Dave Cobb. En otras, como la concluyente “Shooting stars”, los intentos de la banda por subirse al carro del nuevo R&B transpiran pero no hieden.

Hace falta un pequeño salto de fe para creerse que ese “sonido verdadero” que la banda andaba buscando es lo que escuchamos por nuestros altavoces. Algo de generosidad para aceptar que algunas decisiones de producción han sido guiadas más por criterios comerciales que artísticos. Pero la recompensa es grande, porque en el sexto disco de Rival Sons encontrarás un puñado de canciones con sello de calidad y perspectivas de eternidad.

En definitiva, Feral roots es un disco algo más extraño, menos compacto y mucho más variado que los anteriores. Su falta de cohesión se compensa por sus atrevimientos, y muestran el camino para que los Rival Sons entren en su segunda década con la frescura necesaria para hacernos seguir soñando.

Julen Figueras

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