PRIMAL FEAR – Apocalypse (2018)

Seguridad: nombre femenino. Sensación de total confianza que se tiene en algo o alguien.

Pocas cosas tienen tanto valor como la ausencia de riesgo y la consecución de un breve espacio de tiempo ajeno a las preocupaciones, un momento de relax ante los infortunios del destino. La resignación frente a lo inevitable.

Y es que bien sienta saber de fijo que si vas a un centro comercial vas a gastar más de lo que tenías previsto, que para orinar en un festival tendrás que aguardar cola, que si vas de tapeo bebes más que comes, que la comida basura es una bazofia que sabe fenomenal y, que si quieres Heavy Metal del bueno, con PRIMAL FEAR no te vas a equivocar. Pequeños lujos de pobres que alivian la carga de nuestro cerebro.

Once discos y más de veinte años para que el matrimonio curricular entre Ralph Scheepers (voz) y Mat Sinner (bajo, voz) parezca vivir una luna de miel incesante. Y es que, contar como mediadores de este idilio ininterrumpido con las guitarras de Alex Beyrodt (VOODOO CIRCLE y émulo del sonido WHITESNAKE), Tom Naumann (SINNER) y Magnus Karlsson (ex ALLEN LANDE, THE FERRYMEN, STARBREAKER y que además demuestra sus dotes con los teclados), es otra fianza para la seguridad de ejecución de un redondo. Para completar una formación solvente como pocas, Francesco Jovino (ex JORN, EDGE OF FOREVER) aporta la contundencia y pulso necesarios para la credibilidad justificada que se han forjado estos adalides del Metal pesado.

Introducción premonitoria aparte (Apocalypse), a modo de entrante plomizo, dejan paso a lo realmente atractivo, el menú degustación de especialidades de la casa:

Del Power Metal germano de cosecha propia toman medidas perfectamente proporcionadas, ahora bombo encañonado ahora melodías definitorias, confeccionado así con sus virtudes individuales un atuendo creíble y atractivo, como lucen en New Rise y The Beast.

Del desembarco JUDAS PRIEST y, por lo alargada de su sombra, en extensión a sus discípulos, del significado Heavy Metal de tachuelas envenenadas y cuero ardiente, abren fuego a quemarropa con The Ritual, Blood Sweat & Fear, Hail to the Fear, Cannonball, todos con estribillos con permiso de adicción controlada.

Épica melódica que conquista la atención con porte relajado de distinguido acento argumentativo en King of Madness, Supernova (más baladística e intensa si cabe, más Frontiers – Karlsson, y en la que no puedo evitar, para elogio de Scheepers, las comparaciones con Michael Kiske) o The Eye of The Storm (Ocho minutos de hálito Zeppelin, en una suite acerada, magnificada y guiada entre marchas militares).

Experimentos hacia el hermetismo popular, intercalando la variación declinatoria del mismo lenguaje con la integración de términos de acuñación actual, creando una nueva entrada en su diccionario distintivo con Hounds of Justice (carburación Priest, estrofas de juego vocal Hard Rock, puentes de ligadura sitar y estribillos ultra-melódicos de amnistía sensitiva).

Producido por Mat Sinner y dejando todas las labores de estudio a Jacob Hansen, el destino de este trabajo no puede ser otro que cumplir con el cometido de asegurar una muesca más en un revolver, aún reluciente, con balas de sobra como para dar la enésima salida, victoriosa de antemano, entre el tumulto de poco inspirados corredores de sprint en una carrera de fondo.

Jesús Alijo “Lux”

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