OPETH – In cauda venenum (2019) – Review 7/10

“In cauda Venenum”, o lo que es lo mismo: “Cola envenenada”.

Veneno que podrías sentir recorriendo tus venas mientras escuchas este disco, un veneno suave, dulce y enigmático. Veneno que te atrapa y que consigue adentrarte en un mundo diferente, alejado y misterioso.

Tres años han pasado desde que Opeth nos trajo “Sorceress”. Un tiempo dedicado a su nuevo trabajo de estudio en dos versiones: Sueco e inglés. Lejos quedan los guturales de “Ghost of Perdition” o “Blackwater Park”; pero cerca, muy cerca queda la esencia de Opeth. Dicen adiós a su etapa death metalera (algunos esperamos que sea un hasta luego), y se adentran en su faceta más progresiva, explorando nuevas atmósferas, protagonizadas por la melodía. Todo dentro de su mundo gris, triste, melancólico, dominado por escalas menores y jugando con disonancias, terceras de picarda y armonías complejas. La voz es un instrumento más, un adorno que junto a las partes corales y a la presencia de los teclados convierten los temas en un entramado musical complicado y exquisito al mismo tiempo.

Como si de una misa coral del siglo XIX de Rheinberger y aderezada con sintes futuristas comienza la intro: “Garden Of Earthly Delights”, que bien podría pertenecer a Vangelis en Blade Runner.

Mikael Akerfeldt ha llevado esta obra al lado más progresivo y psicodélico de su producción musical, cuidando cada detalle, con una producción muy elaborada. Destacan sin duda los juegos de voces de las guitarras, los compases de amalgama y los riffs contundentes y pesados que contrastan con las guitarras acústicas.

No falta la balada, “Lovelorn Crime”, dando protagonismo a un piano que comienza solitario acompañando los tristes lamentos de Mikael, hermosos pero punzantes. Igual que en este tema con el piano, en “The Garroter” comienza la guitarra española con un solo, el cual se desvanece mientras le toma el relevo de nuevo las teclas, para completarse con una obra de influencias jazzísticas, principalmente en los instrumentos rítmicos.

Con cada nueva escucha se descubren nuevas pinceladas, nuevas piezas de un puzzle que parece que nunca llega a su fin. Podríamos compararlo con un poema sinfónico del mismísimo Listz, el cual llega a proyectar un cuadro en tu mente, lleno de diversos colores y texturas. “Heart in Hand” es buen ejemplo de ello, que de igual duración al tema que cierra el álbum: “All Things Will Pass” son los dos temas de más extensión: 8 minutos y medio.

Probablemente el tema más alejado de todos sea “Continuum”, que comienza con un ritmo en el charles que resultaría más propio de Iron Maiden en sus inicios que de Opeth, acompañado por rasgueos de guitarra cortados y contratiempos que llegan a un empaste con la voz, sintetizador y finalmente con la distorsión de las guitarras que desaparece más adelante y consigue así jugar con grandes contrastes de matices.

La variedad en la dinámica y agógica está presente en todas las canciones, al igual que el uso de disonancias, que consiguen enganchar a aquellos que en vez de buscar agresividad buscan tensión, desesperación y oscuridad.

Opeth evoluciona, decepciona a los que amaban su fuerza y su potencia, y atrapa a los amantes del rock progresivo y psicodelia, dejando atrás su faceta metalera para entrar en un viaje introspectivo y de exploración personal y musical. ¿Habrán alcanzado su meta con este álbum? Tendremos que esperar al próximo trabajo de los suecos para averiguar cuál es el destino que nos depara este veneno.


Rate / Nota: 7/10

Miriam Martín (The Lux Team)

 

 

 

 

 

 

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