IN FLAMES – I, The Mask (2019) review

Pioneros, por muchos incluso considerados los padres putativos del movimiento Death Metal Melódico, subgénero que a día de hoy se codea con los fundamentales de la música Metal, IN FLAMES aproximan su carrera a la tercera década con nuevo disco, I The Mask, el décimo tercero de un periplo no exento de polémica:

Primero en sus bases, ya que el camino ha sido largo y tortuoso, quedando atrás la totalidad de los componentes originales de la banda, muchas bajas acaecidas que indudablemente han tenido su impacto en el desarrollo de su sonido.

En segundo lugar y a colación del primero, el propio rodaje de su personalidad cada vez más resentido. No soy enemigo de la evolución y comprendo la inquietud del artista en su proyecto creativo, parto de esa premisa, pero IN FLAMES consiguieron colocar una serie de piedras angulares entre los seguidores de una brutalidad amanerada por sublimes melodías de las que hasta antes de la irrupción de este nuevo redondo, y sobre todo en sus dos últimas entregas, parecían quedar solo vestigios. Precedidos tras sus múltiples aciertos se cobijaron bajo un ente evolutivo con mayor proximidad a terrenos más “mainstream” de cojera modernista y bastón distintivo, pero al que las musas parecían no indicar el camino correcto. I, The Mask suscita una vez más el morbo previo a la edición de un larga duración de los suecos: ¿Podrán resolver las incógnitas que plantean en la actualidad?

Pues bien, este nuevo plástico hace las veces de ejercicio de funambulismo distractor, con red, vistoso pero poco arriesgado. El quinteto se posiciona dos pasos por delante de la mitad del trayecto, sobre un sólido cable metálico, mirando de reojo a un pasado no demasiado remoto en el que la velocidad vuelve a hacer acto de presencia junto a la contundencia, ciertas armonías de guitarra de carácter nórdico “especialidad de la casa” y los reconocibles growls de Anders Fridén: I,The Mask, Call My Name, I Am Above o Burn (mmm, ese riff inicial me recuerda a DARK TRANQUILLITY). Y aunque toman respiro, evitando vértigo, en la concentración predecible del ya obligado estribillo melódico, prosiguen con titubeantes zancadas, intentando, con mayor vulgaridad, rizar un rizo demasiado estéril como para volver a su forma original, hasta alcanzar la meta que ellos mismos se han fijado en consideración a un público más versátil, incluso más ingenuo. Un propósito abocado a completar minutos con la desgastada parafernalia versada en temas a medio tiempo y furibundo estallido que resalte, una vez más, el intento de estribillo perfecto: We Will Remember, In This Life.

Ejerciendo un análisis más profundo, aislé canción a canción, resolviendo que una calidad mayor de la que proporcionaban las impresiones iniciales decoraba cada tema por sí mismo, salvo contadas excepciones (cierto sonrojo me produjo el aroma arábigo tan trillado y poco explorado de Deep Inside o el seudo himno generacional (This Is Our) House cuya letra resta cierta credibilidad a un correcto tema de Modern Metal “NuMetalero”).

Entonces comprendí que el mayor error de esta entrega no eran las canciones, que hacen de I The Mask su mejor disco de los últimos doce años, sino la pésima regulación del orden del mismo, con una mitad hambrienta de pasado aunque firme en su presente, y la otra, con una deceleración intensiva, rota en ocasiones por inserciones acordes a su pasado, que augura un futuro que no les corresponde, en unas listas de ventas marcadas por una linealidad que pronto pasa a ser hastío, y de ahí al vacío. El camuflaje en lo aleatorio de su vorágine electiva hubiese dado como resultado un brillo mayor tanto a las composiciones como a los ornamentos, además de una coherencia que apadrinada en la bondad del receptor, sin planificación previa, desembocaría en un alto grado indulgencia.

Para el final dejan dos temas, obviando el bonus track Not Alone (promete hasta su estribillo edulcorado en exceso), en los que observo una divergencia interesante y que, dependiendo de gustos, calarán por nivel compositivo: All The Pain con sus pasajes a la más pura New Wave (“la popera”) y la balada Stay With Me de una profundidad absorbente.

Evidentemente los trucos de producción e ingeniería están a la orden del día, la primera realizada por Howard Benson y cuyo currículo (HOOBASTANK, DAUGHTRY, CREED, SEETHER) ayuda a comprender ciertos derroteros tomados, como los dos últimos ejemplos expuestos, recayendo la segunda en Chris Lord-Alge y Ted Jensen.

Un paso más en su discografía, un paso en el que solamente el tiempo podrá decidir de su trascendencia pero que indudablemente imprime un carácter renovado cuyo mérito reside en la valentía.

Jesús Alijo «Lux»

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