ENRIQUE BUNBURY – Crónica Zaragoza

ENRIQUE BUNBURY
Pabellón Principe Felipe, Zaragoza, 16 dic 2017
Crónica y fotos: Luis Mª Catediano

 

La milenaria Zaragoza y el nombre de Enrique Bunbury son referencias imposibles de disociar. Es como hablar de la ciudad sin pensar en el rio Ebro, en el cierzo o en las estrechas calles del populoso Tubo. Es junto con sus Héroes del Silencio la figura musical más representativa de la capital aragonesa. Un aventajado ilusionista farandulista del cual sabemos bien sus arriesgadas propuestas. Así es Enrique Bunbury para todos los que conocemos la carrera del artista maño.

Lejos queda su salida de la banda más grande que ha dado el rock español y de sus radicales escarceos sonoros electrónicos de 1997 para finalmente situarse en la posición que más o menos establemente lleva desarrollando desde aquel enorme disco titulado “Pequeño”. Luego llegó el glamour y el exceso de su flamante “Flamingos” en 2002 y a partir de ahí sus excursiones al otro lado del charco en un viaje que desde luego sí que le ha llevado a alguna parte.

Ayer sábado 16 de diciembre no tenía ninguna duda de que la llamada del artista maño iba a ser oída y atendida por los numerosos fans que siempre consigue congregar. La noche era fría, ventosa y desapacible, aunque ello no era impedimento para que el Pabellón Príncipe Felipe presentase un lleno total con unas 8000 personas ansiosas por ver el show que Enrique traía presentado su último disco titulado “Expectativas”, el cual supone su duodécimo trabajo en estudio desde que comenzase su carrera en solitario. El público congregado con edades distantes que en algún caso podrían abarcar hasta tres generaciones, aunque sobre todo gente vistiendo ya los treinta y muchos. En definitiva y como es Enrique, un público maduro y muy especializado en la exitosa trayectoria del músico zaragozano.

La salida del grupo al escenario del Pabellón Príncipe Felipe fue sobria y sin ningún preparado para impresionar a nadie. Los músicos se fueron colocando en sus posiciones mientras una intro corta dejaba cómoda la entrada con el tema que abre este “Expectativas”. Desde un lateral del escenario y muy decidido avanzó la esbelta figura de Enrique Ortiz de Landázuri quien se transformó en Bunbury con la interpretación de “La Ceremonia de la Confusión”. Altivo y de punta en blanco acaparó todos los focos y todas las miradas de los que allí estábamos y deseábamos la lección de este licenciado en las más antiguas artes del entretenimiento. Apareció inmaculado vistiendo un traje blanco, zapatos de charol y unas gafas que ocultaban sus ojos pero que mostraban la imagen chulesca, elegante y desafiante que con tanto éxito ha sabido vender siempre. Enrique estaba listo y a punto de tomar las riendas de las dos siguientes horas de espectáculo. Estaba en plena forma y era el dominador de una puesta en escena controlada y muy profesional donde él sabe que cualquier improvisación será apuntada por unos fans que bien conocen sus métodos.

El sonido era perfecto, compacto, limpio y con el sello de garantía que proporciona llevar la misma banda desde que en el año 2008 grabaron el rockero “Hellville de Luxe”. Los Santos Inocentes compenetrados y formados por los guitarras Álvaro Suite y Jordi Mena, el teclista reverendo Jorge Rebenaque, el bajista Robert Castellanos y el batería y productor Ramón Gacías. También estaba el percusionista Quino Béjar y la última incorporación del saxofonista Santi del Campo que durante toda la noche estuvo muy presente.

 

“La actitud correcta” y “Porque las cosas cambian” fueron las dos siguientes canciones en sonar. Sirvieron para que nos diésemos cuenta que el show iba ser directo y con la intensidad que Enrique acostumbra cuando se siente a gusto y esta noche era, por sus sonrisas, una de ésas. No hace falta ser muy fan para darse cuenta de la gran personalidad que atesora y del papel que interpreta siendo en todo momento un huracán de sensaciones. Lo visual está dominado por este artista que de verdad impresiona, impacta y seduce con una puesta en escena firme y más cuando sabes cómo es en las distancias cortas. El concierto siguió con la canción “Hijos de Caín”, que ha sido el tercer single y videoclip de “Expectativas” y quizás la canción más Bowie de la noche. El sonido mandado por un distorsionado bajista y por un saxofón que engrana perfectamente al gusto y horizonte propuesto por Enrique Bunbury.

La noche y los tiempos estaban marcados y dominados por las emociones y éstas se incrementaron con los primeros acordes de “El anzuelo” que, si bien fue muy cambiada respecto a la grabada en 2004, mantenía el mensaje y la historia contada por un exquisito Bunbury que recitaba los párrafos con su peculiar estilo. Lo mismo ocurrió con el tema “Parecemos tontos”. En estas dos canciones que enlazaron a la perfección fue donde Enrique se nos mostró en su estado más puro y transcendental. Tras una pequeña interrupción para que el cantante hablase al público sonó “El mar no cesa” que fue presentada como una de esas canciones con la que “abrimos la caja de Pandora en las Mutaciones” con una clara referencia a los cambios que llevaron a cabo en las mismas.

 

Otra canción que me impresionó gratamente fue la versión inventada para la interpretación de “El rescate”. Aquí los apoyos de los coros por parte de la banda realzaban la majestuosidad de una canción que en “El viaje a ninguna parte” fue de las más bonitas por su mensaje. Además y como en el resto del concierto, el gran trabajo del saxo vestía de gala una canción inmejorable.

Relatando cronológicamente lo que fue el show en Zaragoza debo situar el momento en el que Enrique Bunbury se desprendió de su blanca chaqueta. La imagen del cantante se endureció y nos llevó unos años atrás cuando la sola presencia de un chaleco blanco dejaba al descubierto los extensos tatuajes que visten sus brazos. Entre ellos destacaba el que tantas veces hemos admirado por dibujar la H y la S de la afamada banda zaragozana. Así, abierto al mundo y al público del Príncipe Felipe, tocaron la canción “Despierta” de su anterior disco Palosanto donde los toques de percusión le daban ese toque moruno que siempre le ha fascinado a Bunbury.

 

Cayeron clásicos de la discografía de Enrique como “El hombre delgado que no flaqueará jamás” y “Hay muy poca gente” en los que el maño ha dado otra vuelta con dos versiones en las que la innovación es una característica a destacar. La imagen con su preciosa Gibson semi-acústica era atrayente y en dos temas endurecidos por los solos de guitarra de Álvaro Suite y Jordi Mena. Fue a partir de “Hay muy poca gente” cuando el sonido subió un punto que a mi parecer tampoco hacía falta puesto que estaba siendo ya bastante elevado sin ser molesto. Eso no era impedimento para que la voz de Enrique ganase enteros mientras recitaba los textos como por ejemplo hizo en “Más alto que nosotros sólo el cielo” que supuso una pequeña pausa en la ya primera hora de concierto.

¿Qué decir de la interpretación de “Héroe de leyenda”?. Un regreso según palabras de Bunbury “a tiempos prehistóricos”. Sobran las palabras para decir lo que representa esta canción y su letra para cualquiera de los presentes. Como en la gran mayoría de sus clásicos, ésta fue muy cambiada y cantada a medio tiempo. Los gritos del público con el habitual “Enriiiqueee” que fue agradecido por éste con su figura arrodillada en medio del escenario. Así de este modo llegó la charleta (adaptación maña sencilla de la palabra charla) que muchos esperábamos, en la cual el cantante reivindicó el derecho a opinar “igual que cualquier persona lo hace en la barra de un bar”. Dijo que “lo he hecho en algunas canciones y lo seguiré haciendo”. Ésta fue la introducción a una de las canciones más críticas grabadas en su último disco “Expectativas” que fue “En bandeja de plata” con la que se mostró muy directo y agresivo, sobre todo durante el estribillo cuando se acercó al público a través de los cortos avances del escenario.

Le siguieron “Mar adentro” y “De todo el mundo”. La primera un poco cambiada aunque manteniendo intacta la originalidad e identidad del primer estilo de los míticos “Héroes del silencio” de 1988. Únicamente diré que por mucho que otro guitarrista quiera hacer el solo de esta canción, creo que nadie conseguirá transmitir lo que Juan Valdivia hacía. En fin, debe ser la nostalgia la que me hace pensar así o sencillamente que Valdivia era el sonido “Héroes” por excelencia. La segunda “De todo el mundo” sacó al Enrique más profundo e intimista en una interpretación potente y lenta que invitaba a casi bailar agarrados. En este punto Bunbury presentó a los Santos Inocentes y se despidieron con el clásico “Maldito duende” con el que se subió a la valla de la primera fila para meterse literalmente encima del público que estoy convencido descubrió el olor de su ídolo.

Después de esto llegaron los bises con un grupo entregado a la causa y con una solvencia tocando “Pequeño” para el que Enrique se vistió con un sombrero y con un pañuelo rojo medio atado a la garganta. Esta fue la canción más cruda de la noche con los bailes característicos del artista. Siguió “El extranjero” que fue uno de los momentos más celebrados. El tema ha mantenido desde su creación en 1999 su identidad casi intacta, aquella que la hizo tan popular y reconocible. Únicamente la diferencia ha sido la incorporación del banjo de Jordi Mena.

Le tocó el momento a “Infinito” que sin duda fue y será la canción diez de la carrera de Enrique Bunbury .en solitario. Me faltan palabras para expresar lo que este tema representa. También le ha dado un toque de “mutación” pero nada más en su inicio. El artista estaba muy contento y conectando con público con una sonrisa como pocas veces le he visto, y menos en Zaragoza. Escuchar “Infinito” ha sido para mí volver quince años atrás cuando le seguí en muchas ocasiones durante la gira de “Flamingos”. Hizo una perfecta interpretación y le dio al tema un final Bunburiano.

Esto estaba acabando y le llegó el turno a unas versiones muy acertada de “Sí” y “Lady blue”. Así Enrique se despidió de nuevo con un “Muchas gracias. Buenas noches zaragozanos y zaragozanas. No nos olviden”. Te has convertido por méritos propios en parte de la historia musical de esta heroica y milenaria ciudad.

Regresaron con “La constante” que es el exponente y más clara definición de lo que es una canción de autor, ya que avanza un punto más de lo que ningún artista ha hecho en la música en España. Con su figura afinada, su mirada y un dedo indicando a lo más alto del pabellón, Enrique se despidió de todos nosotros en una noche para recordar.

SetList
1. La ceremonia de la confusión
2. La actitud correcta
3. Porque las cosas cambian
4. Cuna de Caín
5. El anzuelo
6. Parecemos tontos
7. El mar no cesa
8. El rescate
9. Despierta
10. El hombre delgado que no flaqueará jamás
11. Hay muy poca gente
12. Más alto que nosotros sólo el cielo
13. Héroe de leyenda
14. En bandeja de plata
15. Mar adentro
16. De todo el mundo
17. Maldito duende
Bis 1:
18. Pequeño
19. El extranjero
20. Infinito
21. Sí
22. Lady Blue
Bis 2:
23. La constante

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