AUDREY HORNE – Blackout (2018)

Cuando el agua musical refresca tanto, pasar algo más de tres años con sed de Audrey Horne puede resultar pesado como una travesía por el desierto. Cuando, por fin, nos podemos llevar un sorbo a la boca, Blackout se presenta como una continuación estimable de Pure Heavy, dirigida al entretenimiento sin complejos aunque ello sea a costa de una falta de profundidad palpable.

En Blackout encontraremos todos los elementos que nos enamoraron en la refundación sonora de Youngblood y que se mantuvieron, casi sin perder pulso, en su continuación Pure Heavy. Hablamos de los riffs rápidos y los ritmos cabalgantes, de los solos armonizados y, por encima de todo, por un gusto melódico capaz de producir himnos. Señalando las diferencias, las canciones tienen aquí estructuras más sencillas, más directas, y no por ello mejores.

Porque, más allá de las diferencias de complejidad, a Blackout le falta la inspiración y frescura que caracterizó los dos trabajos previos. No hay forma de mantener la atención sobre una misma cosa de forma indefinida, por sorprendente que ésta sea, y a Audrey Horne le hace falta ahora dar una vuelta de tuerca a esa alquimia tan perfecta conseguida hace un lustro. En este sentido, Blackout no puede sorprender. Es, más bien, como la onda expansiva de una banda que echó su gran bombazo tiempo atrás, los últimos coletazos que aún puede disfrutarse pero con los que es ya difícil vibrar.

Cuando el núcleo de la música reside en esos imaginativos estribillos y esas melodías sin igual, la única forma de mantener el listón ahí arriba es creando melodías aún mejores. Y, no nos engañemos, la calidad alcanzada por Audrey Horne en el pasado será muy difícil de superar. Simplemente, es muy difícil conseguir canciones de la categoría de “Straight into your grave”, “Redemption blues” o “Out in the city”. Hay varios buenos destellos, como “This man” o “California”, que por la vertiente más melódica introducen algo de novedad; pero, en su conjunto, predomina la repetición de esquemas.

En algunos de esos temas, como “Light your way” o “This is war” (con reflejos de Rainbow y Iron Maiden, respectivamente), que abre el disco, la falta de sorpresas lastra el resultado, aunque su calidad y su capacidad para hacernos disfrutar sigan siendo innegables. Otros, como ese claro homenaje a los Lizzy llamado “Rose Alley” (pronúnciese “Rosalie”), son amables guiños que ni suman ni restan, y sólo se realzan al compararse con los temas más burdos del disco. “Satellite” y “Midnight man”, puro relleno, necesitarán algo más que buena voluntad para tapar sus carencias. En cuanto al single “Audrevolution”, sólo se salva si nos abstraemos del sonrojante estribillo.

Curiosamente, y a pesar de sus notables carencias, Blackout funciona en su conjunto, gracias a algunos grandes momentos, una producción familiar y la ejecución de unos músicos que han encontrado su sonido. Es difícil resistirse a una banda que traga y escupe tan bien influencias de algunas de nuestras bandas favoritas: pocas suenan tan Lizzy, tan Maiden, tan Rainbow, sin caer nunca en la copia y manteniendo, a través de la voz inconfundible de Toschie, un sello propio. Por eso, que Audrey Horne vuelvan una vez más para quitarnos la sed es una noticia que tiene que hacernos cantar, bailar y mover el cuello.

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